Categoría: <span>Ritos y tradiciones</span>

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Candelaria. La bendición de las velas

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Santa Brígida. El Imbolc Celta

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RUTA GUIADA AL IZADO DEL MAYO EN URBASA

IZADO DEL MAYO EN LARRAONA

El próximo lunes 1 de mayo, tiene lugar en lo alto de la sierra de Urbasa-Andia, una bella tradición de nuestra montaña, el izado del «Mayo». Aprovechando este viejo ritual arbóreo, os invitamos a vivirlo en primera, persona, a tocar con nuestros dedos la vieja cultura del bosque. Para ello hemos propuesto una ruta para ser testigos del izado del «Mayo», en lo alto de la sierra, os dejo la información:

MAYO EN URBASA
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LA MADELEINE. EL ENIGMA DE HERAUSCORRITSEHE

LA MADELEINE

Para quienes amamos la naturaleza, amamos los bosques envueltos en la niebla teñidos de misterio, amamos la mar hechizante embaucadora de nuestros sentidos, amamos los ríos vigorosos nacidos del seno de la tierra, o amamos las montañas altivas y dulces, es casi imposible resistirnos a sus encantos, a su embrujo, a su magia. Posiblemente, nuestros ancestros, también vieron en lo que nos rodea, esa energía especial, ese “algo” inexplicable, poderoso, un tanto sobrecogedor. Quizás por ello, vieron en estos elementos naturales, lugares donde sus deidades moraban, o donde aquellos númenes, dejaron su huella de una u otra forma.

Piedras, árboles, ríos, cascadas, la mar, … han sido lugares de culto, inspirados en una antiquísima religión animista, en la que nuestros ancestros, adoraban a elementos de la naturaleza. Con el paso del tiempo, de forma paulatina, esos dioses naturalisticos, fueron adoptando formas humanas, dando lugar a una religión politeísta, heredera de la naturalista. Estos viejos mitos, creencias, ritos, nos enlazan directamente, por invisibles hilos con las culturas ancestrales de la vieja Europa.

LA MAGIA DE LAS HAYAS

Uno de estos elementos naturales que ha ejercido un influjo especial, sobre los humanos, durante milenios, son las montañas. Bellas, altivas, retadoras, magnéticas, temidas, amadas, … algo profundamente misterioso nos impulsa a conocer sus secretos hechos de piedra, de praderas, de bosques, de belleza. Para quienes amamos subir montañas, es algo casi inexplicable, pero nos llaman con una poderosa fuerza, una energía telúrica, nos empuja a conocer sus secretos, una maravillosa plenitud, nos acompaña en nuestro caminar, incluso una vez ya en el valle, esa plenitud nos acompaña durante días.

En la mentalidad popular vasca, las montañas crecen igual que lo hacen los árboles, esta creencia se relaciona con otra que cuenta que la tierra encierra en su seno una fuerza vital que da vida a todas las cosas. Prácticamente todas las cumbres importantes de nuestra geografía, encierran en su seno algún mito, creencias, tradición o historia. Desde las montañas morada de genios como Mari, jentiles, tartalo o basajaun, hasta cimas vinculadas a determinados rituales, como Ernio, y sus aros que se deben pasar por el cuerpo para evitar enfermedades. En muchas de ellas, se colocaron ermitas, con intención de cristianizar viejos cultos paganos, como el caso del Santuario de San Miguel in Excelsis, en la montaña de Aralar, heredero de otro antiguo culto, posiblemente vinculado a un dolmen. Los mayos, eran troncos de árbol que se colocaban en lo alto de las cumbres, que adoptaban la función de proteger el valle y sus habitantes que se abre a sus pies, en ellos está el origen de colocar cruces en las cimas, el mayo, aún hoy se coloca en lo alto de la sierra de Urbasa. Sin olvidar nuestras grandes cimas, Orhi, Anboto, Zaldiarán, Gorbea, Putterri, Anie, Txindoki, Murumendi, Mendikute, Okabe, o La Madeleine, entre otras,…

CUMBRES PIRENAICAS DESDE LA MADELEINE

Aquellas gentes, que nos precedieron, eran naturaleza, vivían según los ritmos que esta les marcaba, caminaban en su día a día de la mano de la natura. Aquellos primeros hombres y mujeres supieron ver en ella, en la montaña, su auténtica esencia, supieron ver en ella lo que realmente era, la morada de los dioses, ella acariciaba el cielo, aquellos humanos sabían escucharla, dialogando con ella dulcemente. Luego llegaron más gentes, fueron cambiando sus costumbres, sus ritos, sus creencias, sus idiomas, sus tradiciones, sus formas de vivir. Poco a poco, la vida cotidiana se fue volviendo más rápida, más descontrolada, los hombres disponían cada vez de menos tiempo para reparar en ella, en su magia arcaica, para pararse a escuchar su susurro atávico, olvidaron como dialogar con su montaña. A medida que esto sucedía, los hombres comenzaron a sentirse poseedores de la montaña, ya no compartían su existencia de igual a igual, trazaban extraños surcos por donde la aplastaban con sus máquinas rodantes, se sentían dueños de sus mágicos y misteriosos bosques,…

Los hombres habían olvidado su relación con ella, habían olvidado contemplarla en los atardeceres de estío, cuando el sol se acurruca en su regazo, habían olvidado admirarla desde el valle, cuando se vestía con sus mejores galas blancas en las mañanas invernales.

…o eso parecía, en lo más profundo del ser de aquellas gentes, permanecían los rescoldos de aquel fuego ancestral, en lo más profundo del ser de aquellas gentes, permanecían las enseñanzas de aquellos primeros moradores de estas tierras, permanecía su vínculo con ella, con la montaña mágica, permanecía su respeto, su amor. Veía, como, casi fugazmente, aquellas gentes, aún levantaban la mirada hacía sus alturas de vez en cuando, con admiración, a veces caminaban hasta su cumbre, se sentaban en su cima y vivían el momento, disfrutaban de su compañía, si aquel rescoldo arcaico permanecía en ellos.

VISTA DESDE LA MADELEINE

Quiero invitaros a que conozcamos, caminando pausadamente una de estas montañas sagradas, que se acurruca en uno de los rincones más bellos de la vieja tierra de los vascos, vayámonos a la cima de La Madeleine.

La cima de Arhane, como también es conocida esta cumbre, en cuyas alturas se ubica la preciosa ermita de La Madeleine, se acurruca bajo la cadena pirenaica, en la vertiente derecha del río Le Saison o Uhaitzandia, a caballo entre los valles suletinos y bearneses, en nuestro cautivador Pirineo. Las grandes cumbres, custodian sus 795 metros de altitud que se elevan sobre la localidad de Tardets (Atharratze), y los grandes valles suletinos. Para alcanzar su mágica cumbre debemos situarnos en la propia localidad de Tardets, donde podemos aparcar en alguno de sus parkings. Debemos tomar la carretera que cruza la localidad, y se dirige hacia la capital suletina, Maule, en aproximadamente un kilómetro, llegamos al barrio Sorholus y al cementerio de la localidad. Justo antes de llegar al camposanto, un carretil sale a nuestra derecha abandonando la carretera general, continuamos por ella unos metros hasta llegar a un cruce, donde se ubica la cruz de hierro de Begi Ütürri. En este cruce nos topamos con 3 viales, nosotros debemos tomar el del centro, que nos llevará hasta la granja Etchebestia. Un camino sale tras el caserío siguiendo las marcas amarillas de un sendero de pequeño recorrido. Tomamos decididamente el camino que va ganando altura mientras alterna bosques con pastos, la ermita se ve en la cima hacia la que nos dirigimos, por deliciosos paisajes de casas típicas de estas tierras, un paisaje bello y armónico que siempre nos regala Zuberoa. Sin pérdida, siguiendo las marcas del PR, llegamos hasta la base de la montaña, donde debemos unirnos al carretil asfaltado que nos dejará en su cima.

De esta forma alcanzamos su bella cumbre de 795 metros de altitud, un tanto deslucida por las antenas, no obstante, la vista es magnífica, impresionante, el Orhi reclama constantemente nuestra atención, susurrándonos la cercanía de la mágica Selva de Irati, el Lakora, el Anie, el Midi d´Ossau, y tantos y tantos picos pirenaicos, Bostmenieta, las llanuras del norte, todo crea un magnifico óleo de pinceladas de mil tonos, verdes, ocres, o blancos. Contemplando el inmenso paisaje que se abre ante mis ojos, no es difícil entender el motivo por el que aquellos hombres y mujeres sintieron su magia, el motivo por el que la consideraron su montaña sagrada.

PICO ORHI

Y allí, reinando sobre todo lo que la vista domina, el pequeño templo de La Madeleine, conocido también como Marie Maddalene D´Arhane. Sus orígenes se remontan al siglo, XV, fecha de su construcción, si bien posteriormente se reformó, pero sus raíces se hunden mucho más profundamente en el tiempo. La ermita se edificó, probablemente, sobre un antiguo lugar de culto primitivo, posiblemente un lugar en el que se rendía culto a la montaña en sí. De hecho, en su interior se conserva la conocida como Ara de Herauscorritsehe, de origen, al parecer romano, en la que se lee una inscripción que hace referencia al dios Herauscorritsehe. Nos encontramos ante un elemento muy curioso y habitual en la vieja cultura de las montañas, los romanos, no combatieron las antiguas creencias de los moradores de estos lares, sino que adoptaron sus deidades, adaptándolas, en ocasiones. De todo aquello nos ha llegado a nuestros tiempos este bello ejemplo, que hoy podemos saborear. No se sabe cómo llego hasta la ermita, el ara, quizás apareció aquí o fue traído de otro lugar por algún fiel, la placa seguirá guardando sus motivos, sus porque su esencia más profunda solo para ella. Este altar, o ara, datado hacia los siglos I o II, muestra la siguiente inscripción:

“FANO / HERAVS / CORRTZE / HE.SACRM / C. VAL. VAL / RIANVS”

que traducido vendría a decir algo así: “Caius Valerius Valerianus erige este altar consagrado al templo de Herauscorritsehe”.

ARA DE HERAUSCORRITSEHE

Pero, ¿quién es este misterioso Herauscorritsehe?, los especialistas solo coinciden en que se podría tratar de una deidad pirenaica, su nombre se ha traducido como “dios del rayo rojo”, “santuario del polvo rojo”, entre otras versiones. Si coinciden en que se podría tratar de un dios de los cielos, algo similar a Júpiter. Pienso que tan solo la misteriosa ara sabrá la verdad, que guardará para sí en el misterio del tiempo.

En la cordillera de los Pirineos, se dan cultos muy antiguos, desde el neolítico, teniendo una serie de deidades propias pirenaicas. Muchas con claras influencias galas, celtas y vasconas, algunas de las cuales fueron asimiladas por el Imperio Romano. Se dan muchos altares con inscripciones precristianas, dedicadas a algunas deidades como: Abelio, Tantugou, Silvan, Aherbeltse, Alardoss o Herauscorritsehe.

El gigante mitológico, Roldán también tiene su hueco en esta montaña mágica, pues desde ella lanzó una piedra para destruir la localidad de Ochagavia, pero errando en el tiro, el proyectil cayó en el macizo de Bostmendieta.

MACIZO DE BOSTMENDIETA

Plenos de belleza, debemos continuar nuestro caminar, buscamos ahora el collado de Léchéguita, que se marca con fuerza hacia el NW. Tan sólo debemos descender por una marcada senda, por terreno despejado, el caminar es delicioso por estas lomas abiertas a las cumbres pirenaicas. En el collado, podemos encontrar una importante necrópolis compuesta por tres túmulos, que nos susurran pausadamente la importancia que tuvo este lugar en el pasado. En breve, alcanzamos la pequeña cima de Zerra de 730 metros de altura, y que es una excepcional atalaya sobre La Madeleine. Desde su cumbre descendemos hacia el N., buscando un característico abrevadero, seguimos por un ancho camino hasta el collado de Saxagua, a donde sube una carretera, que nosotros seguimos para terminar nuestra ruta en la localidad de Sauguis-Saint-Étienne.

ERMITA DE LA MADELEINE

Allá arriba, queda la misteriosa ermita, a solas con su misterio de siglos, nosotros, hemos podido compartir con ella parte de ese enigma, acariciándolo con nuestras curiosas botas. Allí queda la montaña sagrada, deseosa de volver a dialogar con nosotros, a compartir su atávico susurro, esperando a que la volvamos a tratar lo que realmente es, sin imposiciones, sin destruirla, sintiéndonos parte de su magia.

Huyamos a la seguridad de la montaña.

Árboles

ABAMIA, COMPENDIO DE MAGIA, MISTERIO Y BELLEZA

IGLESIA Y TEJO DE ABAMIA

… Y ahí estaba, altivo, sublime, atractivo, bravo, profundamente magnético. Sus ramas se extendían hacia el cielo, en una invitación a sumergirnos en su cobijo milenario, una invitación a abrazar sus misterios, hechos de belleza, de magia, de esencia de resina, de viejas historias y leyendas. Sabedor, de ser el representante de una vieja estirpe, de ser el guardián de la arcaica  cultura de la montaña, la misma cultura, que sabía convivir, perfectamente con la naturaleza, la misma cultura que hoy denostamos.

El camino no había sido corto, ni mucho menos, el milenario tejo se hallaba en un paraje recóndito, casi olvidado, salvo por aquellos que aún nos dejamos embaucar por su hechizo, por su embrujo  irresistible. Llegamos al tejo de Abamia, cuando se dejaba acariciar por los vigorizantes rayos del sol, la sensación, era casi indescriptible, en el altozano recortaba su figura, junto al templo. Nada más pisar aquella tierra sagrada, algo inexplicable se adueñó de nuestros sentidos, algo indescriptible, lejos de la fría razón, algo mágico, nos atrapó de forma irremediable, entonces todo adquirió una dimensión distinta.

EL PARAJE MAGICO DE ABAMIA

Nos encontramos en uno de esos parajes únicos, un lugar en el que coinciden de forma maravillosa, historias e Historia, cuentos, leyendas, tradiciones, … ¿Quién puede resistirse?, nosotros desde luego, ni pudimos ni quisimos. Conozcamos un poquito más este paraje único.

Abamia es una parroquia del Concejo asturiano de Cangas de Onís, en el oriente de esta sobrecogedora y bellísima región. Un pequeño núcleo rural, al que se accede desde el término de Corao, un lugar un tanto recóndito, que sin embargo oculta uno de los grandes tesoros de esta enigmática tierra. Al llegar al paraje, nos encontramos con el templo de Santa Eulalia, justo junto a un tejo milenario, o mejor dicho una teja, enorme, sabia y bella.

Pero vayamos por partes, como antes decía, el paraje, infunde un aroma especial, ese aroma, que solo los lugares con una dilatada historia y una arcaica magia, son capaces de destilar. Antes de la iglesia, en Abamia se ubicó, un dolmen, que hoy ha desaparecido, y al parecer también hubo una necrópolis romano-vadiniense. De hecho, en la zona han aparecido varias estelas de esta tribu de origen céltico. Estamos, por tanto, ante un lugar profundamente sagrado para quienes nos precedieron, dato que confirma el hecho de cristianizar el paraje con la construcción del templo cristiano.

Sigamos indagando en los secretos de Abamia, la iglesia, está profundamente vinculada a la Monarquía Asturiana, ya que al parecer, el propio caudillo Pelayo, fue quien mando erigir este templo, fundando así una comunidad monástica, y que ejerció de panteón a la muerte del propio caudillo y de su esposa Gaudiosa. De hecho, en el interior del templo, se pueden ver los sepulcros del matrimonio, aunque, muchos estudiosos niegan este hecho, quien sabe, el misterio está servido, en medio de las bellas cimas astures. El rey Alfonso X el Sabio, mando trasladar los restos de Pelayo y Gaudiosa a la Santa Cueva de Covadonga, donde hoy reposan.

ABAMIA

Volamos más de mil años, hacia nuestro tiempo, hasta topar con un personaje indispensable, polifacético, concretamente con Roberto Frassinelli, conocido como el alemán de Corao. Nacido en 1811, en Luisburgo, fue arqueólogo, dibujante, naturalista, bibliófilo y anticuario. Colaboró en varias excavaciones arqueológicas de la zona, en las que aporto incontables dibujos, dibujos que realizaba en su refugio en una cueva de la localidad de Corao, conocida como cueva del Cuélebre, ya que según cuentan, en ella moraba este ser mitológico asturiano, con aspecto de serpiente descomunal. Un alma libre, amante de las montañas, a quien describió a la perfección, el político Alejandro Pidal Mon:

“Su verdadero teatro eran los Picos de Europa, Peña Santa, la Canal de Trea, los gigantescos Urrieles asturianos. En ellos se perdía meses enteros, llevando por todo ajuar un zurrón con harina de maíz y una lata para tostarlo al fuego de la hierba seca, su carabina y cartuchos. Vino no bebía, bebía agua en la palma de la mano; carne sólo la del rebeco que abatía con certero disparo de su escopeta y cuya asadura tostaba sobre la misma lata del mismo fuego. Dormía entre las últimas matas de enebro; se bañaba al amanecer en los solitarios lagos de la montaña y al regresar de la penosa excursión a los Picos, se refrescaba revolcándose desnudo sobre la nieve…”

Frassinelli fue enterrado en el cementerio de Abamia, junto a la iglesia cuando falleció en el año 1887.

DETALLE DE LA IGLESIA DE ABAMIA

Sentados junto a la teja que domina el paraje, nuestra mente vuela lejos, cuando estos árboles eran los representantes de la tribu, de la aldea, de la comunidad. Bajo ellos, se bailaba, se amaba, se reía, se lloraba, se charlaba, se descansaba, se vivía,… Hoy los viejos árboles, el bosque, están abocados al ostracismo, rehenes de la desidia de quienes nos gobiernan, rehenes de la ignorancia. El propio paraje de Abamia, fue testigo de una reforma, que creó gran controversia, por dañar al propio árbol. Hemos olvidado su fuerza, su simbología milenaria, como representantes de nuestros antepasados, de nuestra vieja cultura de las montañas. Creemos que podemos vivir sin acercarnos a su cobijo, sin escucharles, sin caminar de su mano, quizás llegue un momento en que nos demos cuenta, que son vitales para nuestra propia existencia. Afortunadamente aún hay quienes trabajan en la defensa, el desarrollo, el mantenimiento, y la puesta en valor de estos árboles, pienso en personas como Amable Vallina, o Manolo Corces, y como no, en el gran maestro Ignacio Abella, y tantas y tantas personas que se han dejado embaucar por la magia de los tejos, hayas, robles, acebos, espinos, fresnos,…

Ejemplos hermosos, los tenemos por doquier, ideas, actos, reivindicaciones, de defensa de los árboles, alguno, quizás de los más hermosos en el propio tejo de Abamia. Y es que bajo la sombra hechizante de la teja de Abamia, se han celebrado varios “conceyus” del tejo, una reunión en defensa de estos árboles, de la mano de la asociación Amigos del Texu.

Sigamos defendiendo, reivindicando la necesidad de que nuestros hijos crezcan bajo los árboles, corriendo libres por las montañas, zambulléndose en la energía telúrica de la mar. Mientras tanto volvamos a Abamia, o cualquier otro lugar, donde resguardarnos bajo la magia de los árboles.

PD (…y qué mejor forma de hacerlo que dejándonos seducir por los arcaicos acordes de la gaita. Os dejo un enlace a la preciosa canción del gaitero Xuacu Amieva, dedicada, precisamente al tejo, “Canciu´l Texu”, disfrutadla).

Mitología

Ruta 08 Mayo – Dolmen de Jentillarri

Desde la Asociación Cultural Hojarasca, queremos proponeros una nueva ruta para conocer uno de nuestros principales parajes míticos, para el próximo domingo día 8 de Mayo. Nos vamos al corazón de la sierra de Aralar, para conocer el precioso dolmen de Jentillarri, ascendiendo por la Calzada de los Jentiles.

Hemos planeado una ruta de día completo, ya que además de su distancia, son muchos los elementos que saldrán a nuestro encuentro en el paseo, teniendo tiempo suficiente para disfrutarlos como se merecen. Su distancia es de aproximadamente 12 kilómetros, y un desnivel de unos 300 metros.

La ruta durará unas 8 horas, con paradas para conocer los secretos de la Cultura del Bosque, usos, creencias, tradiciones de los árboles, leyendas mitológicas… y, cómo no, para reponer fuerzas, por lo que aconsejamos llevar la comida de casa.

La hora de quedada será a las 9:00 horas, en el parking junto a la rotonda de entrada a la localidad de Zaldibia (junto a la tienda de disfraces “Jaiak”). Subiremos hasta los depósitos de Olakosai en los coches, y comenzaremos nuestro caminar.

Debido a las peculiaridades de la ruta, es imprescindible apuntarse previamente en cualquiera de los contactos siguientes, por si tuviéramos que esperar. Además necesitaremos un grupo mínimo de participantes de 12 personas. También cambia un poco el precio de la excursión, siendo esta vez de 12 euros los adultos, y 8 euros los niños de 5 a 14 años.

La excursión pudiera ser cancelada si se dan condiciones climatológicas adversas, o no alcanzamos el mencionado grupo mínimo de participantes.

Para más información no dudes en contactar con nosotros:

info@achojarasca.com

606 30 44 52 – Aitor

666 53 11 46 – Gabi

Recomendable:

-ropa y calzados adecuados

-agua suficiente y comida (hamaiketako, comida,…)

-bastones

-chubasquero o paraguas (por si fuese necesario)

-visera

-ropa de abrigo

Árboles

Ruta 20 Marzo – Cromlech de Oianleku

Desde la Asociación Cultural Hojarasca queremos invitaros a una nueva ruta este próximo domingo día 20 de Marzo. Aprovechando la llegada de la primavera (la estación donde renace la vida en el bosque) podremos descubrir los primeros verdes en una ruta en la que apreciaremos toda la belleza que la natura nos ofrece.

La ruta es sencillísima, apta para todos los públicos, en un paraje idílico como es Cromlech de Oianleku, dentro del Parque Natural de Peñas de Aia-Aiako Harriak. La duración estimada es de 3 a 4 horas, en las que caminaremos pausadamente por un desnivel de unos 200 metros, y 5 kilómetros de distancia en total.

Os ofrecemos la oportunidad de conocer un poquito las tradiciones, la mitología, los usos y creencias de los diferentes tipos de árboles que habitan el bosque. También tendremos la oportunidad de conocer algo más sobre la historia y mitología del cromlech, los secretos de Mari, de Roldán, de Basajaun, y más sorpresas que encontraremos en nuestro paseo.

Quedaremos a las 9:30 horas en el aparcamiento del campo de fútbol de Oiartzun (Iurrita bidea, 10). Desde allí subiremos en coche hasta el aparcamiento de Kauso, a unos 12 kilómetros de Oiartzun, desde donde arrancaremos la ruta.

Aconsejamos llevar:

– calzado de montaña

– chubasquero o paraguas

– almuerzo

– agua

– bastón

– ropa de abrigo

La salida puede ser anulada si las condiciones, tanto meteorológicas como sanitarias, así lo aconsejen, o bien si no sale un grupo mínimo.

Es necesario apuntarse con antelación, por si debemos esperar la llegada de alguien, en cualquiera de los siguientes contactos, el precio es de 8 euros los adultos, y 4 euros los niños de 5 a 14 años.

info@achojarasca.com

606 30 44 52 – Aitor

666 53 11 46 – Gabi

Árboles

Ruta 12 Febrero – Cromlechs de Urgarata (Arano)

Desde la Asociación Cultural Hojarasca, después de unas breves semanas para retomar fuerzas, os proponemos recuperar una bella ruta para conocer uno de los parajes más enigmáticos de nuestras viejas montañas, el próximo sábado día 12 de Febrero. Nos adentramos esta vez en tierras navarras, concretamente en la localidad de Arano, para visitar los Cromlechs de Urgarata, y de paso saborear con calma viejos caminos, y la belleza de nuestros hayedos y robledales en un invierno que nos regala toda su pureza.

Una sencilla ruta de aproximadamente 6 kilómetros de distancia, y un desnivel apenas perceptible de unos 100 metros. Apta para todos los públicos, incluido niños.

La ruta durará de 4 a 5 horas, pues a pesar de su corta longitud, realizaremos continuas paradas para conocer los secretos de la Cultura del Bosque, usos, creencias, tradiciones de los árboles y leyendas mitológicas.

Quedaremos a las 09.00 horas en el barrio Zikuñaga de Hernani (junto a la empresa Couth). Subiremos hasta Arano en los coches, y desde el parking de la localidad navarra, comenzaremos nuestro caminar.

Es imprescindible apuntarse previamente en cualquiera de los contactos siguientes, por si tuviéramos que esperar. El precio de la excursión es de 8 euros los adultos y 4 euros los niños de 5 a 14 años.

La excursión pudiera ser cancelada si se dan condiciones climatológicas adversas, o si no se alcanza un grupo mínimo de participantes.

Para más información no dudes en contactar con nosotros:

info@achojarasca.com

606 30 44 52 – Aitor

666 53 11 46 – Gabi

Recomendable:

-ropa y calzados adecuados

-agua suficiente y algo de comida (hamaiketako)

-bastones

-chubasquero o paraguas (por si fuese necesario)

-ropa de abrigo

Os dejamos un enlace sobre este precioso paraje:

https://www.donostitik.com/porlossenderosdebasajaun/2021/11/06/cromlechs-de-urgarata-belleza-mecida-por-el-viento/

Etnografía

MASCARADAS DE ITUREN Y ZUBIETA. EL ATAVICO SUSURRO DE…

IOALDUNAK DE ITUREN Y ZUBIETA

Los enormes cencerros, descansaban en el viejo arcón, en una esquina del viejo desván del viejo caserío. Aguardaban allí, junto con los demás enseres de la celebración, la llegada de su momento, la llegada de ese momento sublime, en que volverían a ser los protagonistas del viejo ritual. El mismo ritual que desde hace años, tantos años que se pierden en la memoria del tiempo, ha ido pasando de padres a hijos, de abuelos a nietos.

Los enormes cencerros, atesoran la arcaica sabiduría de las tradiciones cocinadas en lo más profundo de los brumosos bosques, en las barrancas de las montañas, en las creencias de quienes aún son parte de todo este universo natural.

CENCERROS

Su momento llega en lo más profundo del invierno, en esa época del año en que la naturaleza permanece aparentemente dormida. Es en ese preciso instante, cuando nuestros ancestros vieron la hora de despertarla de su letargo, de convencerla de que debe resurgir, volvernos a regalar sus dones, su calor, sus alimentos, su energía telúrica. Surgen, de esta forma rituales, representaciones, con una y mil ideas, para llevar a buen fin este propósito. Nuestro mundo, ha cambiado radicalmente, pero, afortunadamente, aún hoy podemos disfrutar de esos mágicos hilos, que nos vinculan de manera sobrecogedora con lo más profundo de nuestra vieja cultura, con lo más profundo de la vieja cultura de las montañas, con lo más profundo de lo que algún día fuimos.

Las mascaradas invernales de Ituren y Zubieta, se celebran a finales del mes de enero, antiguamente lo hacían un lunes y martes sin determinar entre la Epifanía y el martes siguiente al domingo de Quincuagésima. La fecha la acordaban los mozos de ambas localidades, reunidos el día de San Antón.

EL OSO, SIMBOLO DEL RENACER DE LA NATURALEZA

El lunes de carnaval, los Ioaldunes de Zubieta, visitan a sus vecinos de Ituren, al día siguiente son estos últimos quienes devuelven la visita a los de Zubieta. Todo comienza con un almuerzo, cada uno en su respectivo pueblo. Le sigue, entonces, el ritual de vestir el atuendo de IoaLdun, que se cumple a rajatabla y se pierde en la noche de los tiempos. Primero se colocan una faja negra, después una enagua con bordados, prenda que para muchos investigadores representa las fuerzas femeninas tan presentes e importantes en los carnavales tradicionales vascos. Luego se ponen una piel de oveja que les cubrirá la zona de la cintura, y sobre ella, los protagonistas de la fiesta, los cencerros o Polunpak de 40 cm. de largo, 11 litros de capacidad y 6 kilos de peso cada uno, para colocárselos se requiere la ayuda de otros dos Ioaldunak, mientras uno sujeta los Polunpak, otro los ajusta tensando una cuerda, para lo que incluso tiene que apoyarse con un pie en el propio pecho del que se está vistiendo. Mikel Laboa recogió una leyenda en la que se cuenta como un herrero fundía los santos de las iglesias para hacer los cencerros. Estos van pasando de generación en generación. Sólo falta el Ttuntturro, vistoso sombrero de tela multicolor con múltiples cintas, encajes y rematado por plumas de aves, el hisopo compuesto por una cola de caballo que cuelga de un asa hecha con cuero y que los Ioaldunak llevan en la mano derecha, y el pañuelo azul a cuadros en el cuello.

COLOCANDO LOS CENCERROS EN ZUBIETA

Tras vestirse van saliendo a la plaza sin prisa, se colocan en 2 filas y al toque de cuerno, que lleva uno de los que va en cabeza empiezan a caminar marcando el ritmo de los cencerros a golpe de espalda y riñón, lanzando gritos de vez en cuando para mantener el compás, dan dos vueltas a la plaza y se dirigen en dirección a Ituren, llegados al molino de Zubieta, montan en carros y coches que les llevan hasta el barrio de Aurtitz, fruto de los nuevos tiempos.

En éste barrio de Ituren se les juntan el primer grupo de Ioaldunak, su vestimenta es similar, sólo se diferencian en que los de Ituren cubren con la piel de oveja también los hombros, visten camisas de cuadros y pañuelo al cuello rojo. Juntos se dirigen hacía el barrio de Lagasa donde se unen los restantes Ioaldunak, en total 52, éste último grupo va acompañado de un lobo y un oso que se abalanzan sobre los visitantes. Todos entran en Ituren bajo el impresionante y estremecedor sonido de 104 cencerros.

IOALDUNAK

Pero, ¿que es lo que estamos viendo cuando asistimos a la magia de las mascaradas de Ituren y Zubieta?.

Son muchas las teorías y estudios realizados sobre los carnavales rurales, y especialmente sobre éste del valle de la regata del Ezkurra. Una teoría conocida es la que afirma que la misión de éste rito es la de despertar a la naturaleza, dormida en invierno, y propiciar su fecundidad, para ello utilizan los cencerros, y el hisopo con el que acarician la tierra siguiendo el ritmo al caminar. También pudieran tener un sentido de protección contra los malos espíritus. Existen muchísimas otras teorías basadas en ritos iniciáticos, en la costumbre de los pueblos de la zona de galopar por los bosques con cencerros en la cintura para ahuyentar a las fieras, hasta simples visitas de buena vecindad.

LA MAGIA DE LAS MASCARADAS INVERNALES

Nos encontramos ante una mascarada invernal, algo muy común en amplias zonas de Europa, desde Portugal hasta los Balcanes. Es curioso que en zonas del este de Europa, o en la localidad cántabra de Silió, se den mascaradas muy similares a las del valle del Ezkurra.

Lo cierto es que todo en estos carnavales, es mágico, hay algo especial que se respira en el ambiente, los Ioaldunak van sin prisa, concentrados en su tarea, conscientes de realizar un rito ancestral heredado directamente de sus antepasados.

La importancia que éste rito ha tenido tradicionalmente para los pobladores de la montaña navarra, queda demostrada en el hecho de que antiguamente, los Ioaldunak no podían quitarse los cencerros en los días que dura el carnaval, tenían que dormir boca abajo, y debido a la presión que ejercían sobre el cuerpo sólo se podían alimentar de caldo.

ATANDO LOS CENCERROS

Actualmente esto no sucede, sin embargo cualquiera que se acerque a éstas localidades en su carnaval, podrá ver la importancia que tienen  ser Ioaldun, padres e hijos comparten ésta condición, como posiblemente lo hicieron sus abuelos, y a juzgar por lo que allí se ve, lo harán sus nietos, al fin y al cabo y como dicen allí, nadie quiere dejar de ser Ioaldun.  

Muchos elementos nos dan datos para múltiples interpretaciones, la piel de oveja, las plumas, el hisopo, los cencerros tan importantes en todo el ciclo invernal, las enaguas, el oso que despierta de su letargo invernal considerado, a pesar de su fiereza como protector de las aldeas y un animal directamente relacionado con la luna. Todo con un claro eje central desde mi punto de vista, la relación directa con la naturaleza. Es un rito que se pierde en lo más profundo de nuestra cultura, y que nunca conseguiremos descifrar completamente, y tal vez sea mejor así, pues de ésta manera seguirá manteniendo su magia.

ELEMENTOS DEL RITUAL

Hemos vuelto a vivir, la emoción del carnaval, el eco de los cencerros acariciando bosques y montañas, regatos y valles, almas y corazones, ha vuelto a resonar en nuestro ser. Su energía nos alimenta, su encantamiento atávico nos acaricia, nos dejamos embaucar con su hechizo milenario, nos sumergimos en su misterio hecho de tradición de belleza, de magia.

Árboles

SALIDA A MENDIKUTE, DOMINGO 2 DE ENERO

Desde la Asociación Cultural Hojarasca te invitamos a compartir una bonita tradición, como es el subir a una de nuestras cumbres en el comienzo del año, el próximo domingo 2 de Enero.

La ruta es sencilla, apta para todos los públicos, en un entorno que guarda la historia de nuestros ancestros, como es la cima de Mendikute, y la cueva, morada de la diosa Mari, que la cumbre guarda en sus laderas.

Os ofrecemos la oportunidad de conocer un poquito las tradiciones, la mitología, los usos y creencias de diferentes tipos de árboles y plantas que habitan el bosque. Pero no sólo tendremos la oportunidad de conocer algo más sobre estas especies, también sabremos de la historia y mitología del castillo, y más sorpresas a desgranar pausadamente en el paseo.

Quedaremos a las 9:00 horas, en el aparcamiento de camiones, junto a los bomberos de Tolosa. Desde aquí subiremos unos 10 kilómetros en coche, hasta el barrio de Urkizu. Un tramo de pista de cemento nos llevará al punto de partida.

 Aconsejamos llevar:

. Calzado de montaña

. Chubasquero o paraguas

. Almuerzo

. Agua

. Bastón

. Ropa de abrigo

La salida puede ser anulada con antelación, si las condiciones, tanto meteorológicas como sanitarias, así lo aconsejen, o bien si no sale un grupo mínimo. El precio es de 8 euros adultos, y 4 euros niños de 5 a 14 años.

Es necesario apuntarse con antelación, por si debemos esperar la llegada de alguien, en cualquiera de los siguientes contactos:

info@achojarasca.com

606 30 44 52 – Aitor

666 53 11 46 – Gabi