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Uzturre, el dominio cercano de las alturas

Miras la cumbre, poderosa, bella, imponente.. miras el reloj, y te dices, «venga, tengo tiempo».. Y así empiezan muchas de las visitas diarias a la cima de Uzturre en Tolosa, en Ibarra.. (dan igual los límites, las mugas, la naturaleza es inapresable), 733 metros que se nos presentan de manera cotidiana a los que vivimos cerca de él.

Un profesor antes de entrar a clase que muestra a sus alumnos una foto diaria de su ascensión a la cumbre; el osaba que sube todas las mañanas antes de desayunar; una mañana en la que deja a los niños en la escuela y sube directa; venir del trabajo y alargar los rayos del sol para respirar un poco de silencio, paz, y esfuerzo. Porque sí, el acceso más popular es el que parte desde la Ermita de Izaskun, un zigzagueo corto pero empinado, donde poner a prueba tu capacidad para ascender en poca distancia considerable altitud. De resto, no tiene ninguna dificultad. Cierto es que los accesos desde la Misericordia o desde Belabieta son, a mi humilde parecer, más bellos (el de Misericordia se adentra en un hayedo con ejemplares formidables, y el de Belabieta es más pausado y largo, pero muy agradable) pero subir por el camino popular puede llevarte a reconocer rostros amigos, entablar pequeñas conversaciones, reencuentros que muchas veces las prisas de la calle te niegan.. ratitos y oportunidades que robamos al tiempo para acercarnos a su cima.

El final de nuestra ascensión suele ser esa gran cruz blanca, inmensa, que data de 1927, donde reposamos nuestro caminar con unas esplendorosas vistas de Tolosa, y de todos los magníficos gigantes montañosos que nos rodean (Larrunarri entre ellos.. Aralar, siempre Aralar..). Pero te animo, compañero montañero, a que continúes un poco más arriba, a buscar realmente la cumbre, que está oculta por árboles y sin vistas, con buzones, agazapada.. el estrecho caminito es precioso..

A tod@s nos atraen las expediciones en las que puedes marchar varios días a recorrer senderos montañosos en las magníficas sierras de altura, ir de refugio en refugio en Los Pirineos, visitar cumbres indómitas y de evocaciones literarias, viajes que preparas con mimo y planificación como la búsqueda de un tesoro que parece quimera.. pero tod@s tenemos nuestros pequeños lugares, diarios, accesibles, cercanos, donde sentir esa conexión con todo lo que nos evoca tranquilidad y sosiego, donde la belleza es pura y genuina, cambiante mágicamente según la estación.. por muchas veces que hayamos ido a ese lugar, siempre es distinto, siempre esconde detalles nuevos, sorpresas, descubrimientos.. Para muchas personas de nuestros pueblos, Uzturre es ese tesoro cotidiano que les reconecta y devuelve la calma, la armonía. Y el tuyo, ¿cuál es?

[ Os dejamos a continuación dos enlaces de la página de Akerbeltz Kirola & Kultura, muy interesantes, que nos presentan algunas surgencias encontradas, y un interesante artículo sobre la formación de Uzturre, esperamos que os gusten ]

https://akerbeltzespeleo.com/

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Reflexiones invernales

El sol blanco, alto, sin calor. Las calles heladas, sin paseantes. El río esconde su azul, es gris, callado. Los montes yacen apagados, camuflando sus vibrantes colores, ocultando cómo late la tierra debajo de las bajas temperaturas. Los árboles, desnudos, resisten estoicos y esbeltos, bellos como ellos solos, incluso alguno con hojas marcescentes resiste a la moda de invierno e intenta imponer, sin lograrlo, nuevos cánones, pero el frío es implacable, y requiere de los árboles concentrarse en otras tareas de supervivencia, poniendo en marcha, a su vez, la dormida reproducción que, pronto (cada año antes), traerá la primavera.

Escapamos de la rutina, de los quehaceres, de los horarios, de la vorágine diaria, y visitamos los bosques, las montañas, descubrimientos llenos de quietud que no para, de belleza que resiste valientemente cada estación. No existe la frustración, no se contempla la impotencia, solo el disfrute de los sentidos, la infinita sensación de la respetuosa contemplación de la naturaleza en su más pura esencia, sin nuestra acción que todo lo invade y modifica. Los caminos son libres, perderse entre ellos es casi una obligación, detenerse en un nuevo detalle a cada momento una necesidad, respirar libre y sin pensamientos la consecuencia más palpable. Estando aquí reflexionamos porqué a veces nos cuesta tanto calzarnos las botas y renunciar por unas horas al mullido y cálido hogar.. cuando realmente los bosques también son nuestro hogar, nuestro primigenio hogar.

Son tantas sensaciones, tanta paz, tanto lastre que abandonamos… ojalá que, desde nuestra humilde Asociación, en nuestros sencillos paseos, seamos capaces de transmitiros toda esta increíble libertad e inconmensurable encanto que nuestros bosques, que nuestros montes, poseen. Pinceladas de mitología y tradiciones, tranquilos hallazgos que recordamos, experiencias que compartimos, y un espíritu inocente que nos reconecta con lo que somos, nos acompañan también.

Te esperamos…

Árboles y plantas

EL TRONCO DE NAVIDAD. VIEJOS RITOS SOLSTICIALES

FUEGOS SOLSTICIALES

Nos acercamos a uno de los momentos más mágicos del año, un momento que fue de vital importancia para nuestros ancestros, el solsticio de invierno. Nuestros antepasados, estaban acostumbrados a observar los distintos ciclos de la naturaleza, no en vano, ellos eran parte intrínseca de esa naturaleza, y de ella dependía su propia supervivencia. El momento solsticial, que en nuestras latitudes se dará el próximo martes 21 de diciembre, no pasó desapercibido para ellos. Era este, el momento en que la luz comenzaba a ganar terreno a la oscuridad, no debemos olvidar que la noche del solsticio de invierno, es la noche más larga del año, a partir de ese momento, la noche comienza a acortarse paulatinamente. Pero tampoco escapó a nuestras mayores, que en ese momento el sol es cuando menos fuerza tiene, del astro rey dependía el que germinaran las plantas y árboles, es decir, alimento, madera con la que generar materiales de construcción, combustible,…cobijo y calor. Por todo ello, era imprescindible que este sol recuperara toda su energía milenaria, en estas fechas. Los hombres y mujeres, ponían de alguna forma, su granito de arena, en esta descomunal tarea, ayudaban a reforzar al sol, mediante el uso del fuego.

BOSQUES DE ARALAR

Existe una llamada “teoría solar”, que ve en el fuego una especie de hechizo empleado por el hombre, en ese momento de decadencia de la luz solar. De alguna forma, con el empleo del fuego, se trata de suplir, con ceremonias o rituales, más o menos mágicas, esa carencia de luz, reforzando, igualmente esa debilidad solar. Según esta teoría, el fuego sería considerado como un elemento provisto de energía positiva y activa, energía estimulante, creativa, fuente de salud y de vida que se debe mantener a toda costa. Otras teorías nos hablan de que el fuego, tendría un carácter más purificador, que tendrían como finalidad el destruir energías negativas

Vinculado a este hecho del empleo del fuego, encontramos un interesantísimo elemento, vinculado al solsticio de invierno, el Tronco de Navidad. Un arcaico ritual, que se ha observado en muchos puntos de la vieja Europa, y que nos enlaza directamente con los viejos cultos a los árboles, con ritos, que quizás nos lleven hasta tiempos prehistóricos.

Se trata de un leño que debía arder en el fuego del hogar en las fechas de Navidad, estas festividades navideñas, vinieron a cristianizar, los antiguos cultos, vinculados, precisamente, al solsticio de invierno. Son muchas las variables que se nos presentan en este ritual del tronco navideño. De forma genérica, el árbol se elegía en el bosque, generalmente uno de los mejores ejemplares del mismo, de la especie más abundante, como robles o hayas, por ejemplo.

Durante unos días, el señor del caserío, debía subir al bosque, para explicar al árbol el motivo por el que debía ser cortado. El hecho de pedir permiso al árbol, para derribarlo, se observa en varios puntos de Europa, de alguna forma, se pide perdón al propio árbol como ser sagrado, pero también a los genios, energías,… que habitan en él. De esa forma por una parte se les da la posibilidad, a esos númenes, de trasladarse de árbol, y por otra se solicita que parte de sus energías benéficas  se queden en el que se va a derribar.

Tras cortar el tronco, era arrastrado al hogar, por una yunta de bueyes, y se guardaba en la casa, pero, eso sí, con un trato especial. Se conservaba con mimo en el desván, o en la cuadra, incluso en una esquina de la entrada de la casa. Llegaba entonces el momento de colocarlo en el fuego del hogar, utilizando, igualmente, diferentes formulas según los lugares.

HAYA EN LEITZALARREA

UNA TRADICION ANCESTRAL

La tradición del Tronco de Navidad, la observamos en muchas versiones en nuestra tierra, dependiendo del lugar donde se desarrolla. En ocasiones, eran dos troncos los que se colocaban en los laterales del hogar, como sucedía en Mezkiritz o en Gorriti, donde tomaban el nombre de “Laterales de Nochebuena”. En otros pueblos como en Eskirotz o en Elkano, se introducían tres troncos, que solían ser uno para Dios, otro para la honra de la Virgen María, y otro para la familia.

El madero sagrado, debía arder en el fuego del hogar durante la noche mágica de la Nochebuena, en lugares como en Mezkiritz, no debían de apagarse los troncos durante todo el año. En zonas de Aragón debía arder durante tres días, en Juslapeña y en Unzu, no se dejaba arder el tronco totalmente, pues sus restos aún humeantes se utilizaban en el día de Reyes, para recorren con ellos las habitaciones de la casa, en un símbolo protector del humo. Este hecho de no dejar consumirse totalmente el tronco, era habitual en la mayoría de los pueblos, manteniendo un trozo del mismo, e incluso sus cenizas. Estos restos eran empleados como protecciones, por ejemplo, en Oiartzun, donde se hacia pasar por encima del resto del tronco a los animales del caserío. En Francia, se guardaba este trozo debajo de la cama, para proteger la casa de incendios y rayos, tras arder en el hogar durante 12 noches. Así mismo en el país galo, colocaban un trozo de esta madera en el bebedero de las vacas, bajo la creencia de que, de esta forma, les ayudaba a tener terneros, un claro símbolo de fertilidad, tan presente en la época solsticial. En Aezkoa, este trocito de tronco, se usaba para curar las ubres a las vacas. Sus cenizas eran esparcidas por campos de labor, o mezcladas con ele estiércol para fertilizar campos. En Bedia, se considera que el tronco bendicía las casas

Era costumbre el usar unas pequeñas astillas como complemento del tronco de Navidad. Astillas que se solían elegir en el desván del caserío, y se apilaban cuidadosamente junto al fuego. En muchos lugares era el padre o el abuelo, quien comenzaba con el ritual, introduciendo en el fuego las astillas de forma nominativa, tras bendecir la mesa y realizar una oración. En otros casos el padre comenzaba introduciendo una astilla, para acto seguido, cada miembro de la familia  realizar la misma operación en orden de edad, terminando por el más pequeño de la casa. Remataba el ritual el padre que metía en el fuego una astilla más para los pobres y ausentes. En determinados lugares a estas astillas se les ataba el nombre de la persona a la que representaba, y en caso de que alguno falleciese, se colgaba esa leña junto a la cama.

Este tronco recibe variados nombres como “Chubilaro” en el valle del Romanzado, “Pago mozkorra” en Azkarate; “Suklaro egurra”, en la zona de Salazar o “Tronco de Dios” en el valle de Ollo, por citar algunos.

IOALDUNAK DE ITUREN Y ZUBIETA

ORIGENES DE OLENTZERO

En Oiartzun, este tronco se llama “Olentzero enborra”,  curiosa forma, que nos lleva a pensar en el mítico carbonero que deja regalos por estas fechas a los habitantes de la casa. Y es que cuando hablamos de Olentzero, estamos ante los rescoldos de un antiquísimo culto arbóreo, que de alguna forma, tomó la forma de este tronco de Navidad, y a lo largo del tiempo evolucionó hacia el personaje que conocemos actualmente. No es casual, que Olentzero se presente como un habitante del bosque, un carbonero, que aparece una vez al año, para retirarse a lo más profundo de la floresta, el resto del ciclo anual. Tal vez sea, de alguna forma, la representación de un espíritu protector del bosque.

El nombre de Olentzero, haría referencia, no solo al personaje, sino al propio ciclo festivo. Según algunos estudiosos, el término Olentzero sería una variante de Onentzaro, algo así como “la sazón de los buenos”.

En muchas zonas como en el valle de Larraun, a Olentzero se le define como un hombre de 366 ojos.

En Elduain o en Oiartzun, Olentzero es tenido como un ser peligroso que desciende por la chimenea para cortar la cabeza a los moradores con una hoz. Quizás estemos aquí en un intento de cristianizar este símbolo protector del bosque, que es el tronco solsticial, dotando de elementos negativos al mismo.

Este tronco, vendría, en definitiva, a representar la luz, la renovación del solsticio, así como un arcaico culto a los árboles y el bosque, que hunde sus raíces en los viejos rituales, de cuando, nosotros, también fuimos bosque.

OLENTZERO

EL TRONCO DE NAVIDAD EN EUROPA

La tradición del tronco, no es exclusivo de nuestra tierra, en la praticamente totalidad de Europa, se daba este arcaico ritual. En Galicia, tomaba el nombre de “Tizón de Navidad”; “Nataliegu” en Asturias; “El Travesero”, en Cantabria; “Tronca de Navidad” o “Tió”, en el área pirenaica y Cataluña; “Nochebueno”, en la zona central de Península Ibérica; “Madeiro de Natal”, en Portugal; Der Christbrand”, en Alemania; “Souche”, en Normandía, o “Kef de Nedelek”, en la Bretaña Francesa. Sin olvidar la tradición del “Yule”, en los países del Norte de Europa.